Es común que la migración japonesa a Cuba se enfoque desde la perspectiva de los nikkeis hombres, por ejemplo, a través de los isseis que iniciaron la migración en los siglos XIX y XX, o que se vincularon profesionalmente a la sociedad cubana. También está el hecho de que solo los hombres (isseis, y niseis mayores de edad) fueron internados durante la Segunda Guerra Mundial (aunque tres mujeres fueron excepcionalmente enviadas a prisión). Hasta la fecha, ninguna mujer ha ocupado la presidencia de la comunidad, si bien hay que destacar que en la actualidad varias nikkeis de diferentes generaciones integran el Comité Gestor para la Sociedad Cubano Japonesa. En este sentido, fue muy significativo que la tradicional ceremonia del Día de los Difuntos que se celebró el domingo 11 de noviembre del 2013, estuviera a cargo de la sansei Ana Francisca Ponce de León Arakawa. Era la primera vez que una mujer asumía esta responsabilidad. 

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Un aspecto a tener en cuenta en futuros estudios sobre la migración japonesa a/en Cuba es la función de la mujer como parte de esta comunidad, con lo cual me refiero a las isseis, a las descendientes, y a las esposas cubanas de los isseis y nikkeis en general. ¿Cómo fue la vida entre dos culturas (cubana y japonesa) con diferentes matices patriarcales? La sansei cubana Lidia Sánchez Fujishiro señala en su libro Un japonés en Santiago de Cuba que a diferencia de la jerarquía familiar japonesa, en las familias afrocubanas la mujer ocupa una posición central en los asuntos de la casa y de los hijos. Si bien esto no siempre se traduce en un poder efectivo, es cierto que la figura de la madre tiene un gran poder simbólico en la cultura cubana en general. ¿Esta diferencia generó algún tipo de conflicto familiar? 

Otras preguntas que pudieran despertar curiosidad: ¿Cómo fue el entendimiento cultural entre suegras japonesas y nueras cubanas? Sobre todo si se tiene en cuenta que en muchos casos las nueras eran mujeres profesionales, con una visión moderna de su rol familiar. También pienso en cómo influyó la Segunda Guerra Mundial en la mentalidad de la mujer japonesa, quien, al quedarse sola a cargo de la familia tuvo que asumir el mando de la casa. ¿Este cambio influyó en su manera de ser después de la guerra, una vez que regresó el esposo? ¿Qué significó la experiencia de la guerra para la vida de las mujeres que fueron encarceladas?  ¿Hay aspectos característicos de la relación de la mujer con algún conocimiento, por ejemplo, con el lenguaje, los gustos culinarios, o la educación de los hijos?  

Por el momento, echemos a correr la curiosidad por esta historia con algunas fotos:

Fotos cortesía de Keiko Uyema, Lidia S. Fujishiro, Francis P.L. Arakawa, Hakely Nakao, Narryman P. Fonte, Julieta Fonte Iha, Kenji Iwasaki, Francisco Miyasaka, Akemi Imamura.  

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Japanese migration to Cuba is commonly observed from the perspective of Nikkei men, e.g. the arrival of male Issei to Cuba in the 19th and 20th centuries, as well as the role of Japanese men in Cuba’s professional reality.  This view has been reinforced by the fact that only male Issei and Nissei (of legal age) were imprisoned during World War II, although three women were exceptionally sent to prison.  To this day, the Presidency of the community has never been assigned to a woman, although it is important to mention that various female Nikkei of different generations are currently active members of the Organizing Committee for the Cuban Japanese Society.  In light of this, it is noteworthy that in the most recent ceremony of the Day of the Deceased, on November 11, 2013, Cuban Sansei Ana Francisca Ponce de León Arakawa was in charge of the opening remarks.  This was the first time that a woman had such responsibility.

Future studies on Japanese migration to/in Cuba would benefit from approaching the issue of the women in the community, and by this I’m referring to the role of Issei, descendants, and Cuban wifes of male Issei and Nikkei in general.  How was life between two cultures (Cuban and Japanese) that are differently patriarchal?  Cuban Sansei Lidia Sánchez Fujishiro makes an interesting observation about family hierarchy in her book A Japanese in Santiago de Cuba, according to her, Afro-Cuban tradition differs from Japanese in the fact that the mother occupies a central position in affairs related to the house and the children.  This doesn’t always translate in real power, but it is safe to say that the mother is a powerful symbolic figure in Cuban culture.  Was this difference a cause of family conflicts? 

Other question-begging issues are:  How was the relationship between mothers-and-daughters in law?  Was it a problem that sometimes the latter was a professional woman with a modern vision of her family role?  How did Issei women change after being left in charge of the household during the war?  Did this change continue after the husband’s arrival from prison?  How did the war affect the subsequent life of the women that were incarcerated?  Are there particular connections between women and specific knowledge, such as language, culinary tradition, or children education?   

For now, let’s awaken our curiosity with some pictures.

Photos courtesy of Keiko Uyema, Lidia S. Fujishiro, Francis P.L. Arakawa, Hakely Nakao, Narryman P. Fonte, Julieta Fonte Iha, Kenji Iwasaki, Francisco Miyasaka, Akemi Imamura.