Miso a la cubana

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Recuerdo que mi papá preparaba miso, que es la pasta de soya, imprescindible en la cocina japonesa; pero como en Cuba no había soya, él lo hacía de garbanzos. Afortunadamente vivíamos en un lugar muy apartado, casi sin vecinos, porque el miso tenía un olor fuerte, y, por ejemplo, en muchos pueblos y ciudades, cuando los japoneses se ponían a producir miso, todo el vecindario se quejaba del olor. Esto provocaba que tuvieran que suspender su preparación. (Francisco Miyasaka, nisei)

Frituras de malanga

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Mi abuela se llamaba Kesano Machida. Nunca he probado frituras de malanga como las suyas. La malanga es un tubérculo que, como la papa, es un alimento muy popular en Cuba. El secreto de mi abuela era un guayo o rallador que había traído de Japón, que, a diferencia de los que había en Cuba, tenía unos agujeritos pequeñísimos. Con la malanga rayada hacía una masa que una vez frita obtenía una textura increíblemente delicada, la cual nunca más he probado en otras frituras. Así, muchos de sus platos “cubanos” aportaban algún cambio sutil a las recetas tradicionales. (Miharu Miyasaka Chirino, sansei)

Shoyu 

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En mi casa siempre gustó mucho la comida japonesa. Mi abuelo solía reunirse con su amigo Nakasone, también japonés, quien solía preparar a mano (fideos) udón, y la sopa con vegetales quedaba exquisita. ¡Cuando Nakasone iba por nuestra casa era una verdadera fiesta del paladar! Pero la mayor influencia japonesa en nuestra comida es que mis padres usan shoyu (salsa de soya) para casi todo (aunque mi padre es cubano por los cuatro costados, le gusta mucho la comida japonesa). A mi madre le encanta preparar ensaladas de vegetales y echarles shoyu mezclado con jengibre (cuando es posible conseguirlo), también lo usa en algunos platos con pollo o pescado. ¡Mi padre, en lugar de salero, usa salsa de soya! (Sayuri Martínez Ishikawa, sansei)

Caramelos japoneses

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“[Mi abuelo, Kenishi Fujishiro] funda una pequeña fábrica de caramelos, y comienza la comercialización de estos dulces en forma de pequeños conos coloreados con diferentes sabores, insertados en palillos. Estos se colocaban en largos palos que portaban los vendedores, mientras pregonaban los ‘caramelos japoneses’, finalmente estas golosinas se conocieron sólo como ‘japoneses’ y alcanzaron gran popularidad en los barrios de la ciudad [de Santiago de Cuba]. Hoy día, muchos santiagueros que peinan canas recuerdan aquel pregón tan simpático, de los vendedores que voceaban por las calles: ‘japoneses a kilo’, pues el precio de cada uno era de un centavo, e incluso no es extraño seguir llamando así a este tipo de caramelos, todavía fabricados por comerciantes particulares en pequeñas producciones”. (Lidia Sánchez Fujishiro, sansei, fragmento de su libro Un japonés en Santiago de Cuba). 

Hueva de pescado

“[Takizo Uratsuka] usaba redes en forma de canastas, tejidas por él con hojas del árbol del cocotero, para atrapar los peces de agua dulce y pocetas que había a unos kilómetros de [su] casa. Era un método tradicional y arcaico pero efectivo, porque gracias a Takizo nunca faltó en la mesa de los Uratsuka el pescado en sus diferentes modos de elaboración. Takizo y [su esposa] Masae conocían el ciclo reproductivo de los peces, pues aprovechaban la hueva de estos para mezclarla con leche y alimentar a los pequeños de la familia, un plato devenido de sus ancestros. Pedro [Uratsuka] recuerda que su madre les decía que este tipo de alimento fortalecía los huesos aumentando su contenido de calcio”. (Fragmento del artículo “Identidad, cultura y diversidad. Presencia japonesa en Minas de Matahambre, Provincia Pinar del Río, Cuba”). 

Costumbres culinarias

"De visita en Japón, una de las costumbres culinarias que descubrí fue la entrega de obsequios (al estilo de dulces y confituras) cuando se visita a un amigo o un familiar. También me gustó mucho que los bocaditos (sándwiches) se consumieran fríos, casi siempre ofertados en establecimientos que ofrecen servicios 24 horas, y que los cafés y tipos de té también se ofertaran fríos; en nuestra cultura gastronómica estos siempre se sirven calientes. Las galletas de arroz japonesas, las osenbei, son sencillamente espectaculares, sobre todo si son consumidas en Asakusa y son elaboradas al momento, pero las industriales son igual de sabrosas". (Francys Arakawa, sansei).

Siembras en el patio familiar

“Mi familia tiene una casa muy grande, con un patio que siempre ha estado sembrado. Mis bisabuelos Senmatsu y Matsu Tsuhako eran quienes lo atendían. Mi bisabuela Matsu, o Rosa (como era conocida en Cuba) sembraba de todo, dependiendo de la estación del año: yuca, cerezas, guayabas, boniatos, fruta del pan, los mangos más ricos que he probado en mi vida, y muchas cosas más; pero por lo que más recuerdan a mi familia en nuestro barrio es por las naranjas tan dulces que se daban en el patio. Abuela Rosa (como siempre le decíamos) abastecía la casa o más bien lo que se necesitaba para la comida de la casa con lo que ella cultivaba, especias y otras cosas. Mi abuela y sus hermanas también usaban la cosecha para hacer dulces y jaleas para todo el año. Mi primo Ernestico y yo en muchas ocasiones sembrábamos con abuela Rosa, y nos gustaba mucho”. (Kiyomi Torres, yonsei)